La necesaria reforma de la ONU (I)

 

 

Cascos y chalecos de los Cascos Azules en la Misión de la ONU en la RD del Congo (MONUC). // United Nations Photo CC

Mientras escribo esto el régimen dictatorial del coronel Muammar al-Gadaffi ha decidido que si cortando internet, si con los disparos algo más que intimidatorios (se habla de más de 250 fallecidos en los enfrentmientos a pie de calle estos últimos días), y con el discurso amenazante de su hijo, Saif el-Islam el-Gaddafi, no sirve para parar las revueltas cuidadanas en Libia, (totalmente pacíficas por parte de éstos, tónica general de estas revueltas en todo el mundo árabe e islámico) pues poco importa, él, ni corto ni perezoso, ordena que los cazas del Ejército Libio sobrevuelen las manifestaciones bombardeando al gentío que abarrota las principales calles de Trípoli. Las primeras informaciones apuntan a más de 200 fallecidos (que se sumarían a los 250 de atrás) por esta horrible acción hoy.

Por el momento las escasas reacciones de los principales dirigentes a nivel global no son ni muchísimo menos suficientes. La ONU ha emitido un comunicado diciendo que su Secretario General, Ban Ki-moon, ha mantenido una conversación telefónica ‘extensa’ con Gaddafi, afirmando que está totalmente ‘concerned’ (la palabra favorita de los líderes a la hora de redactar un comunicado de este tipo) y que puso énfasis en que la escalada de violencia tiene que cesar inmediatamente. La Alta Representante de la UE, Catherine Ashton, más de lo mismo. Herman Van Rompuy, Presidente del Consejo Europeo, dice estar horrorizado por los hechos y pide a Gaddafi que escuche al pueblo. Anders Fogh Rasmussen, Secretario de la OTAN, dice poco más que estos últimos, éste, al igual que Jerzy Buzek, Presidente del Parlamento Europeo, a través de twitter.

Personalmente poco o nada me importan los comunicados de todas estas personas, las palabras se las lleva el viento. Lo importante, lo que marcará el desarrollo de acontecimientos futuros, lo que decidirá el rumbo de la historia, son los hechos. Y en eso ninguna de estas instituciones está destacando, ni mucho menos.

Soy un europeísta convencido, y un firme defensor de las Naciones Unidas, pero esta no es ni la UE ni la ONU que yo quiero/espero. Vayámonos unos meses atrás, justo antes del inicio de este efecto dominó que inició Túnez, y descubriremos que, aunque algo resbaladizas o al menos no exentas de polémica (a diferencia de Mubarak o Ben Alí) las relaciones entre la ONU, o entre cualquier Estado miembro de la Unión Europea con Gaddafi eran de lo más natural y de lo más normal, bromeaban con la instalación de sus Jaimas en jardines de palacios o residencias oficiales, le invitaban a multitud de actos (Gallardón le regaló la llave de la ciudad de Madrid en 2007) e incluso celebraban cuando tenían la oportunidad de reunirse con el Dictador Libio. Ninguno de los tres Dictadores (Ben Alí, Mubarak, y Gaddafi) era Dictador a los ojos de los Estados de la UE e instituciones internacionales, de la noche a la mañana, tras la revolución pacífica del pueblo, la cosa cambió sorprendentemente. Ahora pasaban a ser los malos malísimos de la película. Curioso, cuanto menos.

Todo esto lleva a reflexionar sobre la más que necesaria reforma de la ONU. Y me temo que no será suficiente con eliminar el derecho a veto de los cinco miembros permanentes. La reforma tiene que ir mucho más allá, tiene que conseguir hacer de la ONU, y principalmente de su Consejo de Seguridad y de su Asamblea General (dejo al margen las distintas Agencias de la organización, ya que el trabajo continuo de éstas es más que aceptable, aunque también susceptible a mejora) un verdadero organismo que protega los Derechos Humanos y la seguridad global, que esté a la altura de las circunstancias en todo momento y sepa reaccionar con una respuesta rápida y eficaz.

Volviendo al inicio de este post, Gaddafi está ordenando bombardear a los ciudadanos Libios, una auténtica masacre, un genocidio al que la ONU y la UE sólo responden con llamadas de teléfono y comunicados absurdos. Mientras, hasta el propio jefe de la Misión Libia de la ONU alza la voz exigiendo la dimisión inmediata de Gaddafi, y dos pilotos del Ejército del Aire Libio han aterrizado en Malta, solicitando asilo tras negarse en rotundo a colaborar en tal masacre.

Ante un caso así la respuesta más adecuada sería, a mi juicio, convocar un Consejo de Seguridad urgente y proponer la actuación de los Cascos Azules, los cuerpos de paz de las Naciones Unidas, para mantener la paz y la seguridad en la zona (tal y como se establece en el Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas) , y enfrentarse a quienes intentan acabar como sea con los ciudadanos de Libia, además de ordenar, exigir a Gaddafi y sus allegados el inmediato abandono del poder para su posterior detención.

Pero claro, eso es soñar demasiado, y la reforma parece que no llegará esta vez.

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